El ahumado de carnes y pescados comenzó siendo un sistema para conservar estos productos. Sin embargo con el tiempo, el ahumado pasó de ser una necesidad a una actividad culinaria propia y con un sabor muy característico apreciado en todas las cocinas.
Las maderas de manzano, nogal, arce o cualquier tipo poco resinoso, consiguen otorgar a los ahumados su inconfundible sabor.
Los ahumados, a parte de su característico sabor, garantizan la conservación del producto desde su punto de origen hasta los paladares más exigentes.
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